DOS PASOS DE PAZ, DOS PASOS DE GUERRA - TEMPORADA 2011
Luego de estrenar este espectáculo para el Festival Espacios Comunes (Chile-Argentina 2008) y de representar a nuestro país en el VI Festival Internacional de Teatro Santo Domingo (República Dominicana 2009), Dos pasos de paz, dos pasos de guerra se presentó desde Abril hsta septiembre de 2010 en Garrick Arte•Cultura.
Proximamente
MAYO 2011
El espectáculo viajará a participar en
ESTE FESTIVAL,
PRIMER FERIA DE TEATRO INTERNACIONAL
PRIMER FERIA DE TEATRO INTERNACIONAL
Ciudad de Maldonado / Uruguay
Organizado por Lalupa Boutike Group
y la Municipalidad de Maldonado.
Organizado por Lalupa Boutike Group
y la Municipalidad de Maldonado.
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DOS PASOS DE PAZ, DOS PASOS DE GUERRA
Esta pieza plantea desde una mirada fantástica el conflicto entre ideales y realización. El cuerpo cercenado por el pensamiento. Las ideas contrapuestas a la acción.
Él y Ella se aman, pero entre ambos se desata el eterno combate entre utopía y realidad, entre discursos y hechos.
Arbitra la contienda dialéctica un payaso, un verdadero payaso, quien no puede evitar los dos pasos de paz, ni los dos de guerra.
INTÉRPRETES:
Ercilia Agostinelli
Daniel Abecasis
Ezequiel Molina
Roberto Lüber (Voz de Juez)
VESTUARIO Y MAQUILLAJE:
Mariana Ron
ESCENOGRAFÍA:
Adriana Ovelar
DISEÑO DE ILUMINACIÓN
La Empresa Humana + Leo D'Aiuto
DISEÑO GRÁFICO:
Sebastián Mogordoy
ASISTENCIA DE MONTAJE:
Arnaldo Chiesa
Arnaldo Chiesa
ASISTENTE DE DIRECCIÓN
Ana Martinez
DIRECCIÓN:
Ezequiel Molina
“El hombre es un ser social”, nos han dicho en algún momento de nuestra educación formal. Y aunque no nos hayamos dado cuenta en el momento de la contradicción que contiene esa frase (ni mucho menos de sus consecuencias), un día –más temprano que tarde– irrumpirá, nos atravesará. Es que esa definición terrible nos anuncia que nuestra vida es tensión entre el ser y lo social, entre la libertad más absoluta de la que nos sabemos capaces y el condicionamiento permanente que implica la existencia del otro y la responsabilidad que nos exige el encuentro con ese otro. Para peor, cuando ese otro ha construido una cosmovisión distinta de la mía, el condicionamiento se tornará conflicto.
Por caminos poco convencionales, atreviéndose a bordear la tragedia y cruzarle el paso con un payaso o derivarla al grotesco, Ezequiel Molina dirige esta pieza y apuesta a darle vida con un lenguaje poco habitual en la actual escena porteña. Y con claridad evita que la puesta no cierre nada de lo que el texto deja abierto, desempeñando ante el público un rol semejante al del payaso (interpretado por el mismo Molina) que azuza y cuestiona y a los jóvenes amantes e idealistas (Ercilia Agostinelli y Daniel Abecasis). Porque aunque su título pueda llevarnos a pensar en esos trágicos vaivenes que enfrentan a los pueblos entre sí, Dos pasos de paz, dos pasos de guerra se refiere a esa casi diaria contienda que pone en jaque nuestros más profundos ideales, esos en los que está en juego nuestra concepción de la existencia aunque no pocas veces sospechemos que viviríamos más cómodos dejándolos de lado y amoldándonos a lo que la ley, la moral o el sentido común ajeno nos recomiendan.
Por caminos poco convencionales, atreviéndose a bordear la tragedia y cruzarle el paso con un payaso o derivarla al grotesco, Ezequiel Molina dirige esta pieza y apuesta a darle vida con un lenguaje poco habitual en la actual escena porteña. Y con claridad evita que la puesta no cierre nada de lo que el texto deja abierto, desempeñando ante el público un rol semejante al del payaso (interpretado por el mismo Molina) que azuza y cuestiona y a los jóvenes amantes e idealistas (Ercilia Agostinelli y Daniel Abecasis). Porque aunque su título pueda llevarnos a pensar en esos trágicos vaivenes que enfrentan a los pueblos entre sí, Dos pasos de paz, dos pasos de guerra se refiere a esa casi diaria contienda que pone en jaque nuestros más profundos ideales, esos en los que está en juego nuestra concepción de la existencia aunque no pocas veces sospechemos que viviríamos más cómodos dejándolos de lado y amoldándonos a lo que la ley, la moral o el sentido común ajeno nos recomiendan.
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CRÍTICAS
LA PASIÓN ESCÉNICA EN DOS OBRAS DEL VI FESTIVAL
Por Pedro R. Monge Rafuls
El VI Festival Internacional de Teatro de Santo Domingo 2009, ya es parte de la historia teatral de América Latina. Dedicado a Maricusa Ornes, declamadora y formadora teatral dominicana, y a Eduardo Di Mauro, titiritero argentino-venezolano, el festival presentó teatro argentino, boliviano, canadiense, colombiano, cubano, ecuatoriano, español, venezolano, y claro, dominicano. Ese último teatro, fue mi interés y, además, el de los directores del festival, que me pidieron que viera solamente obras dominicanas. Sobre todo, dos obras llamaron mi atención. Una, del dramaturgo Reynaldo Disla, presentada por la Compañía La Empresa Humana, de Argentina, y otra, escrita, dirigida y actuada por la actriz dominicana Mariluz Acosta, residente en Nueva York.
En Dos pasos de paz, dos pasos de guerra de Reynaldo Disla, nos enfrentamos a una mirada poética del conflicto que surge cuando un personaje enfrenta sus ideales socio-políticos a la realidad de la vida. Una obra escrita hace más de veinte años que continúa vigente actualmente. Lo cual nos deja claro tres importantes realidades: la primera, la obra tiene suficiente fuerza para transitar por la prueba del tiempo y repercutir en el espacio teatral. Logro al que aspira todo dramaturgo con su trabajo. Lo segundo, es que puesta por un grupo argentino, demuestra que va más allá de la frontera local y trasciende, logrando un lugar universal. La tercera abarca la intención socio-política para la cual fue escrita y nos dice que las condiciones de ambivalencia continúan presente hoy, como lo fue ayer, cuando Disla escribió su obra.
La voracidad de las escenas se suceden ininterrumpidamente en una especie de vorágine que a manera de remolino las irán sacudiendo y proyectando al medio del escenario. Impresiona el trabajo de los actores, en particular su afinadísimo entrenamiento para poder sostener la exigente dinámica durante la rigurosa puestas en escena. El trabajo de Ercilia Agostinelli, Daniel Abecasis y Ezequiel Molina, complementa la pasión de los actores por la percepción del director.
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CRÍTICAS
Ma. SOLEDAD GONZÁLEZ ALEMÁN / LA REVISTA DE SAAVEDRA
JULIO 2008
JULIO 2008
ENTRE LA VERDAD DE LA REALIDAD Y LA VERDAD DE LA UTOPÍA
Uno de los protagonistas es Daniel Abecasis, reconocido actor y director de teatro que en el marco del Festival de Teatro Argentino-Chileno Espacios Comunes durante el mes de mayo, se presentó en la EMAD (Escuela Metropolitana de Arte Dramático) con el espectáculo “Dos pasos de paz, dos pasos de guerra”. Dirigida por Ezequiel Molina - egresado de la Escuela de Teatro de Raúl Serrano- con las actuaciones de Daniel Abecasis, Ercilia Agostinelli y la participación en escena del mismo director, la obra logró un impacto y una repercusión inmediata en el público y en el ambiente.
Si hubiera que enmarcar la obra en un género quizás hallaríamos rasgos de una tragedia, de un drama, como también resabios del grotesco y hasta ciertos pasos de comedia. Hasta aquí pareciera que se trata de un híbrido, de un texto indefinido, sin embargo, “Dos pasos de paz...” no puede encuadrarse en ninguna caja rotulada porque se trata de una verdadera obra de arte.
Es común que llamemos obra de arte a lo que socialmente está impuesto con ese título, pero ocurre que la definición de ese término fue y es motivo de discusión de cientos de intelectuales y artistas que han tratado de asegurar que no todo lo que se ve en un escenario o en un museo se lo puede llamar obra de arte.
“Dos pasos de paz...” tiene un argumento, esa breve explicación que da cuenta de la estructura del relato, pero invita al espectador a sumergirse en ese mundo en el que los personajes se ven envueltos. Es así como deja de importar cuál es el principio, el nudo y el desenlace de la pieza, para tomar protagonismo la inauguración de un nuevo mundo en el que alguien va transmitir algo que nunca antes habíamos escuchado ni visto.
La obra de arte no cierra, no se trata de un producto que el espectador contempla y entiende instantáneamente sin ser interpelado. “Dos pasos de paz...” provoca, sacude, deja sumamente incómodo al espectador y le cuestiona cuán reales y verdaderas son algunos de los parámetros que rigen su vida.
La obra de arte tiene el formato de una herradura, es abierta, hay un espacio que está indeterminado por el que el espectador introduce su propia subjetividad y sale de allí transformado.
“Dos pasos de paz...” es una bisagra. No se sale ileso luego de verla, porque somete al cuerpo del espectador a un torbellino de sensaciones que difícilmente a uno lo dejen de la misma forma que tenía antes de entrar a la sala.
La obra se presta a diferentes miradas, a distintas lecturas, a diversos niveles de relato, se puede entrar a ella por los costados más inhóspitos; no marca un camino único y exclusivo para finalmente arribar a un aplauso comprometido y obligado. Dos pasos de paz... no es una invitación al pensar, sino que inevitablemente el sentir se pone por delante.
En el teatro no se trata del saber, sino de la verdad, en el teatro no hay nada que explicar, el sentido que el Director le da la obra llegará al espectador por medio de sensaciones, y esto es algo que se palpa indefectiblemente en la obra de Ezequiel Molina.
MÁS ALLÁ DEL ARGUMENTO
Las actuaciones son destacables. Los personajes se arraigan al escenario con una seguridad plena, y en los tres casos están a la altura de la singularidad de la obra.
La escenografía, a cargo de Adriana Ovelar, desafía el lugar de lo común e invita al espectador a recurrir a su imaginación para ubicar en tiempo y espacio lo que en escena sucede.
El vestuario, en las manos de Mariana Ron, es de una sutileza y una precisión impecable y es la pieza fundamental para redondear la original construcción de los personajes.
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CRÍTICAS
DIARIO CRITICA / 10 de mayo de 2008
En una escena en la que no abundan (¿faltan?) las obras de teatro con impronta política, Dos pasos de paz, dos pasos de guerra llegó, por unas pocas funciones, para aportar una pequeña reflexión sobre la izquierda. Extraña, sí, pero profunda y apasionante, la obra que se presenta en el marco de Espacios Comunes, un festival creado para reforzar el interés de elencos chilenos y argentinos sobre textos iberoamericanos cuenta la vida de una pareja conformada por un militante comunista y una estudiante en sus dos planos: el privado y el público. Pero no lo hace a partir de una estructura dramatúrgica clásica, sino mediante fragmentos que cuentan los distintos momentos de la vida de la pareja (desde el enamoramiento hasta la vejez). En el medio, entre él y ella, un payaso de inspiración burtoniana hace las veces de conciencia que vacila: a veces más cercana al doñarrosismo y, de un momento a otro, de ultraizquierda.
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